
Estamos ante una de las mejores adaptaciones de una obra de Tennessee Williams, un viaje inusual al lado más desgarrador, oscuro y cínico de la condición humana. Situados en un México fronterizo, los personajes sudan, beben, comen y deshacen sus patinas de aparente corrección para iniciar una guerra dialéctica donde el sarcasmo (en su más pura expresión), lanza dardos a un espectador maravillado y abrumado por esas verdades escupidas a la cara, sin piedad ni compasión por unos personajes al límite de su propio abismo; Richard Burton, Deborah Ker y Ava Gardner son los tres pilares de este monumento al cine sin concesiones.
La premisa es sencilla: un pastor protestante expulsado de la iglesia, se ve obligado a trabajar organizando por México excursiones para ancianas. En uno de esos viajes, llevará a las excursionistas (y a una peculiar Lolita que esconde un bombón envenenado) a un hotel regentado por una antigua amiga, en el que se encontrará con unos peculiares huéspedes (una mujer y su senil padre) que venden su miseria allá donde van.

